Por Octavio Peña /
El pasado domingo se llevó a cabo la marcha en defensa de la soberanía nacional y en solidaridad con los pueblos de Cuba y Venezuela, además de reafirmar a América Latina como Territorio de Paz.


Fue una jornada que, más que una actividad patriótica y antiimperialista, representó el encuentro entre diversas generaciones y personalidades con un mismo objetivo: ser una bandera de lucha a favor de los pueblos del mundo que pelean por su autodeterminación y por decidir su propio camino. Emocionalmente, fue muy significativo ver a personalidades de distintos puntos de la geografía nacional, dirigentes de larga data en la lucha por la justicia y la construcción de una nueva sociedad, pero también a jóvenes, adolescentes y niños y niñas que fueron acompañados por sus padres y madres.

Esta marcha fue un grito colectivo. En cada paso de los más de 3 kilómetros, rugían al unísono que América Latina jamás volverá a ser el patio trasero del Imperio Norteamericano. La jornada se desarrolló bajo una sola consigna: Trump no altera la paz de los pueblos de América.
La marcha fue también una acción colectiva que exigía al gobierno dominicano no dar la espalda a la realidad histórica de estos pueblos y a sus acciones en contra de la soberanía de otros países de Nuestra América. Se reiteró la exigencia de que nuestro país no puede ni debe volver a albergar espacios para recibir naves ni militares estadounidenses. Este país no quiere ni debe prestar su territorio para agredir a pueblos hermanos, como lo son Venezuela y Cuba.

La marcha tenía una significación importante dado el momento histórico que vive Nuestra América a raíz de la nueva ofensiva imperial trumpista en nuestros territorios. Ahora, más que nunca, son urgentes acciones de esta naturaleza para levantar el ánimo popular y social y rechazar el golpe imperial a nuestros pueblos. Ahora que Cuba enfrenta nuevas maniobras para asfixiarla y doblegar por cualquier vía la resistencia cubana; ahora que el Caribe vive bajo una amenaza constante y que ya el pasado 3 de enero tuvo un efecto nefasto cuando tropas estadounidenses penetraron y violaron territorio venezolano para secuestrar al presidente Nicolás Maduro y a su compañera Cilia Flores; ahora es tiempo de unidad y solidaridad con cada uno de los pueblos de América que sufren los ataques del imperio estadounidense y rechazar de manera categórica los ataques a la población latina por parte de la policía trumpista, como lo hace en la actualidad el ICE.