

Por: Francis Santana
Miles de personas de la Región Enriquillo, asistieron a la gran marcha del pasado domingo 7 en Barahona, contra la explotación minera en el Bahoruco Oriental, contra los abusos de la empresa extranjera Consorcio Azucarero Central, en defensa de la Laguna de Cabral y para que se haga justicia con los agricultores desalojados para construir la Presa de Monte Grande.
Fue una marcha masivamente asistida, entusiasta, unitaria y victoriosa.
Una movilización que superó en asistencia a todas las últimas marchas realizadas en las últimas décadas en esa ciudad sureña, destacándose la participación de la juventud, las mujeres, religiosos, los agricultores y de la izquierda democrática y revolucionaria principalmente.
Contó además con un buen apoyo desde Santo Domingo, los Bateyes, Azua y mayormente de San Juan.
Superó con mucho las expectativas que nos habíamos creado.
¡Excelente!
La importante labor de promoción previo a la misma ayudó significativamente a este resultado, así como los niveles de unidad que se forjaron entre la izquierda, el movimiento ambiental, religioso y campesino de la región.
La marcha constituyó otro paso hacia adelante del campo democrático, popular y ambiental.
Si valoramos las victoriosas jornadas de San Juan, Santiago, San Francisco, La Línea Noroeste, La Cuaba y ahora en Barahona; podemos asegurar que nos estamos adentrando a un momento de superación de la defensiva y se están acumulando factores subjetivos y de movilización que podemos definirlos como el inicio de un proceso ascendente de las luchas populares reivindicativas.
Debemos aprender de estas, persistir en una Iínea de movilización y acumulación de fuerzas mediante pequeñas, medianas y grandes movilizaciones cívicas, locales, provinciales, regionales, sectoriales, nacionales e incluso en nuestra diáspora, ampliando y fortalecuendo la unidad en la diversidad e introduciendo cuantas rectificaciones sean pertinentes.
En este sentido, es necesario que vayamos superando el social reformismo en estas jornadas, que no pasa de lograr migajas, dejando intacto el viejo orden causante de la pobreza de las mayorías, de las desigualdades sociales, la depredación y del saqueo de nuestros recursos naturales.
Debemos trabajar para que cada una de estas luchas sirva para elevar los niveles de consciencia y compromiso de nuestro pueblo tras objetivos superiores que apunten a lograr nuestra plena soberanía nacional, el derrumbe del actual orden neocolonial y al establecimiento de un gobierno patriótico y democrático.
Nos corresponde además, evitar que estas luchas sean aprovechadas por los fascistas y por los partidos y liderazgos de la derecha para sus nefastos propósitos políticos. Tenemos que diferenciarnos de estos en todos los momentos y en todos los escenarios.