Falta Belfond: coherencia en la defensa del Bahoruco Oriental


Benny Rodríguez periodista y director del medio digital La Lupa del Sur

Benny Rodríguez
Saludamos la decisión del presidente Luis Abinader de detener el proyecto minero Romero. Es, sin duda, un paso en la dirección correcta. Una señal de que el Estado puede escuchar a la ciudadanía cuando esta se levanta en defensa de la vida, el agua y el territorio.
Pero no basta.
Si de verdad se trata de una política coherente de protección ambiental, entonces falta actuar frente a Belfond Enterprise en el Bahoruco Oriental. No se puede detener un proyecto por sus riesgos ecológicos y, al mismo tiempo, permitir que otro continúe operando en una zona igual o incluso más sensible.
El Bahoruco Oriental no es cualquier territorio. Es la zona de mayor pluviometría de la provincia Barahona, donde nacen ríos vitales —muchos de ellos subterráneos— que sostienen una agricultura frágil, prácticamente de subsistencia.
Allí, el agua no es un recurso más: es la base de la vida, el sustento de comunidades enteras y la garantía de permanencia en el territorio. De lo contrario, estaríamos empujando a nuestra gente hacia una condición de desplazamiento silencioso, hacia comunidades sin arraigo.
Permitir actividades extractivas en esa área es comprometer un equilibrio natural que no admite improvisaciones ni errores. Porque cuando se afecta el agua, se afecta todo: la producción, la salud, la estabilidad social y el futuro.
Se ha querido vender la minería como sinónimo de desarrollo. Pero la realidad, dentro y fuera del país, demuestra que ese “progreso” suele tener un costo demasiado alto. Como advierte Mario Vargas Llosa en su obra La civilización del espectáculo:
“el progreso moderno, ahora lo sabemos, tiene a menudo un precio destructivo que pagar… y no siempre contribuye a rebajar la pobreza, sino a ampliar las desigualdades”.
Esa reflexión no es teórica. Es una advertencia concreta. En demasiados casos, la explotación minera deja más pasivos ambientales que beneficios sociales, más desigualdad que desarrollo real.
Por eso, la discusión no puede ser selectiva. No se puede defender el agua en San Juan y mirar hacia otro lado en Barahona. La defensa de los recursos naturales debe ser integral, sin excepciones ni dobles discursos.
Hoy el país reconoce que el proyecto Romero no es viable social ni ambientalmente. Bien. Pero entonces la pregunta es inevitable: ¿por qué permitir que Belfond continúe impactando el Bahoruco Oriental?
La coherencia no es un discurso; es una práctica.
Si el compromiso es con la vida, con el agua y con las futuras generaciones, entonces ese compromiso debe aplicarse en todos los territorios por igual. No hay zonas sacrificables cuando se trata de recursos vitales.
El Sur no necesita minería para desarrollarse. Necesita protección de sus recursos, inversión en su gente y políticas que fortalezcan su vocación productiva y ambiental.
Porque al final, la verdadera riqueza no está en el oro bajo la tierra, sino en el agua que la hace habitable.
Y hoy, más que nunca, falta Belfond.

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